JESÚS  J.  BARQUET

DEL DESTIERRO Y OTRAS MINORÍAS

(Entrevista realizada el 2 de junio de 1994)

Diana Álvarez Amell

Diana Álvarez: En tu poemario El Libro del desterrado (1994), retomas, ahora con más fuerza, temas que habías tratado antes, por ejemplo, la nostalgia del desterrado.

Jesús Barquet: No creo que mis libros anteriores hayan insistido mucho en el tema del destierro con todas sus consecuencias. Mi primer poemario, Sin decir el mar (1981), como fue escrito en Cuba, no toca el tema, aunque curiosamente al final anuncia el futuro viaje por mar hacia otro espacio. El siguiente libro, Sagradas herejías (1985), se escribe en ambos espacios, por eso el tema del destierro —un inicial desconcierto tanto en mí como en los motivos de mi escritura— aparece brevemente en el Acto V. Es precisamente aquí en El Libro del desterrado donde reúno por primera vez los poemas que sobre el destierro he estado escribiendo desde que llegué a los Estados Unidos en 1980 pero que, por considerarlos muy personales y por ciertos pruritos estéticos, nunca di a conocer. Poemas a la muerte de mi madre, a la pérdida de la casa paterna y de la patria, a las calles y gentes maravillosas de Camagüey, a la condición de desterrado, son por primera vez el centro de un libro mío. Claro que, en torno a ese centro, reaparecen, como bien dices, otros temas que siempre me han interesado, tales como el erotismo, el tiempo y la soledad. Todos ellos cobran en este libro una nueva dimensión, creo yo, debido a la experiencia del destierro.

DA: Me parece que incluso el erotismo, tan importante en tus Sagradas herejías, cede ahora ante el recuerdo de la vida que dejaste atrás en tu país.

JB: En cierta forma sí cede, pero prefiero considerar que reaparece con la nueva dimensión que le da ahora la experiencia del destierro, la cual es también una experiencia del tiempo, de la soledad, del amor, del sexo, del vacío y hasta de la vejez. Creo que el libro incorpora todos estos temas especialmente en la segunda parte con poemas como "El Libro de las estaciones" y "Retrato de niño en el espejo". Quise mostrar que la experiencia del destierro marca irremediablemente las otras facetas del ser, por eso el erotismo no puede faltar pero reaparece con nuevas significaciones. Por ejemplo, en el poema "Patriótica" propongo la cópula sexual con ciudadanos de otras naciones como la mejor forma de "hacer patria". Mi adaptación al nuevo espacio, en este caso "New Orleans", culmina también gracias a nuevos y largamente satisfactorios aprendizajes eróticos. En "Patriotik-Eros" —y extrañamente por todo el libro—, descubro en mí la pervivencia de lo que Cintio Vitier llama en Lo cubano en la poesía el "eros de la lejanía".

DA: ¿Cuáles son esos "pruritos estéticos" a que te referiste anteriormente y que te impedían publicar estos poemas de destierro?

JB: Leo mucha poesía escrita por los hispanos de los Estados Unidos y, particularmente, por los cubanos. Descubrir en otros que, una vez en el destierro, nos nace fatalmente una voz que va a querer expresar esta nueva condición a veces con los mismos motivos poéticos (la palmita, la playa...), me aterró por varios años. Pero, a la vez, bajo ese terror ya estaba naciendo en mí dicha voz y entonces me veía ocultándola, aunque también conduciéndola para evitar los lugares comunes que, dentro de este tema, considero de escaso valor estético. Convencerme de la necesidad de un libro como este, casi totalmente dedicado al destierro, no fue fácil, pero recientes lecturas y relecturas de la poesía latinoamericana del siglo XIX (Heredia, Mármol, Pérez Bonalde, Martí, José Hernández) me sirvieron de inesperado catalizador: reconocer y recordar que en la tradición poética latinoamericana (y cubana en particular, como explica el gran Cintio en Lo cubano) el tema del destierro ha sido central desde principios del siglo XIX, que la nostalgia puede ser también una fuerza creadora, me hizo retomar esos olvidados o escondidos poemas míos y comenzar a verlos desde esta otra perspectiva que, aunque trascendiera lo inmediato, no borraba mi circunstancia particular de exiliado cubano actual, como tampoco se han borrado las respectivas circunstancias políticas de los autores antes citados.

DA: Me gustaría que comentaras la influencia de José Lezama Lima en tu poesía: ¿es una influencia estética o reviste otro carácter más personal?

JB: Yo diría que es una influencia de conducta de vida y de fidelidad (en el sentido profundo, más allá de la presencia física en uno u otro país) a los orígenes y esencias de nuestra identidad. Atraído por su poesía, toqué a la puerta de Lezama una tarde de 1970 y desde entonces, incluso después de su muerte en 1976, ha sido mi guía espiritual. Varios poemas de Sin decir el mar pasaron por sus manos. El, su obra y el grupo que comandó, Orígenes, me enseñaron el verdadero camino del escritor, su misión de más peso y permanencia frente a las veleidades de la Historia, las miserias morales y las politizadas o partidistas propuestas del compromiso del escritor que florecían en los años 60 y 70 en Cuba; sobre esto último hablé indirectamente en mi ensayo Consagración de La Habana (1992). La lección de Lezama era trabajar, escribir, estudiar nuestra tradición, todo ello sin descanso ni compromisos o componendas extraliterarias sino con plena fe en uno mismo y en plena libertad e independencia de criterio, no ver la creación como una actividad lucrativa ni de realce personal sino como una misión que nos dignifica aun desde la mayor pobreza e indiferencia social. También la figura de Lezama significaba una propuesta de rigor ético, estético e intelectual frente al ambiente de oportunismo político, mediocridad intelectual e intolerancia cultural que predominó en Cuba en los años 70. Para un joven como yo, Lezama era la respuesta de mejor resistencia frente a dicho medio. Por eso la primera parte de El Libro del desterrado abre con el poema "Fiesta innombrable", un homenaje a Lezama desde la obligada distancia física del exilio y de su muerte en 1976.

DA: En tu experiencia como poeta de lengua española de los Estados Unidos, ¿te afecta no escuchar tu lengua?

JB: Aunque el inglés no sea una de mis lenguas favoritas (irónicamente mi Libro del desterrado abunda en citas en francés), su presencia en mi vida en los Estados Unidos no ha sido una cosa opresiva sino un factor de enriquecimiento lingüístico que no sólo me ha abierto nuevas vías de conocimiento y comunicación con el resto del mundo, sino que también ha obligado y educado mi oído a escuchar, es decir, a estar siempre curiosamente atento a las otras lenguas y variantes del español. Por mis sucesivos trabajos en los departamentos de lenguas modernas de universidades norteamericanas, tengo colegas de diversas partes del mundo y también de diferente origen hispánico: convivir con ellos hace mi vida cotidiana una fiesta del lenguaje pero también —en palabras de Eliseo Diego— una forma de "estar siempre atento" lingüísticamente. Creo que todo ello enriquece mi poesía, la cual además nunca se nutrió de forma directa del coloquialismo ni de la jerga cubana, quizás sí del ritmo y la sabrosura del hablar cubano, los cuales se llevan dentro dondequiera que uno esté. Por otra parte, la presencia del español en numerosas áreas de los Estados Unidos es ya una realidad no sólo irreversible sino también creciente cada día. No he vivido en Miami de forma permanente, donde el español cubano es prácticamente la "norma", sino en Nueva Orleáns, donde viven muchos centroamericanos, y ahora en la frontera méxico-estadounidense (Las Cruces, Nuevo México-Ciudad Juárez, Chihuahua); es decir, sigo expuesto a las diferentes modalidades del español. Por todo esto te respondo que, además del inglés, el francés y el alemán, siempre estoy escuchando mi lengua española pero en sus múltiples variantes regionales, y esta experiencia me ha enriquecido, pero esta conclusión —como dijera Darío sobre su estética— "es mía en mí". Esta es mi respuesta a la pregunta personal que me haces.

DA: ¿De qué forma te ha afectado pertenecer a lo que se llama "minoría étnica" en los Estados Unidos?

JB: Que yo sepa, me ha afectado positivamente, pues además de ciertas becas "generales" he conseguido cinco o seis becas y premios gracias a esta condición "particular" de hispano. Decirte otra cosa aquí sería mentir. Sólo por ser "cubano exiliado", lo cual no es una definición étnica sino política que aterroriza a muchos intelectuales de cierta izquierda miope, he sentido cierta animadversión que quizás me haya afectado profesionalmente, pero hago caso omiso de tal necedad y, ante tales anteojeras políticas, sigo siempre el ejemplo de Lezama y me voy a pintar "un ángel más". Sólo el trabajo creador permanecerá; todo lo demás (divisiones étnicas o políticas, favoritismo o discriminación, posiciones sociales o profesionales) se lo lleva tarde o temprano el viento.

DA: Es inevitable preguntar cómo entiendes tú tu posición actual: ¿eres escritor étnico o escritor exiliado?

JB: Más que mis consideraciones abstractas, creo que mi propia poesía se muestra explícitamente perteneciente a cierto espacio literario cubano con el que nunca ha dejado de establecer sus contactos esenciales aun desde el exilio. Mis maestros en la teoría y la praxis artística (no necesariamente política) están en la cultura cubana: Heredia, Martí, Casal, Ballagas, Guillén, Lezama, Vitier, Diego, Baquero, Piñera, Fernández Retamar, Sarduy, Arenas y Silvio Rodríguez. Todo lo demás se ha insertado (y sigue insertándose) en ese tronco genitor. Soy, pues, escritor exiliado, lo cual creo que constituye una de las tantas modalidades del escritor étnico estadounidense. Como verás, esto transforma el carácter disyuntivo de tu pregunta. Estoy en desacuerdo con aquellos que quieren encerrar en una sola modalidad escritural (en algunos casos, marcadamente política y/o unilateralmente contenidista) la variada y compleja experiencia del escritor hispano de los Estados Unidos.

DA: ¿Cómo entiendes la homosexualidad dentro de la literatura erótica? ¿Es una estética, un tema o una sensibilidad diferente?

JB: Creo que puede ser cada una de esas cosas que mencionas por separado, y otras más: una obsesión, un fantasma, una condena, una inhibición, un imposible. Así como también puede ser todas esas cosas a la vez. Si te refieres a mi poesía te diría que la homosexualidad es, de forma general, una constante sensibilidad homoerótica masculina que, aunque tenga divergencias con la sensibilidad de otras preferencias sexuales, quizás confluya con estas en lo esencial: la atención erótica, es decir, la despierta actitud y apetencia hacia lo otro, la nece(si)dad de acariciar lo otro hasta la máxima posesión, el pregusto en la boca, en las dedos, en los ojos y toda parte del cuerpo ante esta posibilidad, la persecución, el hallazgo, el placer mantenido, el chispazo, la fuga y finalmente la angustia ante el deseo de recuperar un placer similar o aún mayor o de conocer algo nuevo. Sería entonces mejor hablar de una poesía esencialmente erótica que puede tener diversas modalidades. Incluso dentro de la modalidad homoerótica masculina, podrían encontrarse diferentes manifestaciones. En mi caso, creo que he ido poco a poco desarrollando una estética que no teme ya decir su nombre, cuando dicho nombre se requiere, lo cual suele ocurrir menos veces de las que creemos, pues si algo descubrimos en estas aventuras de la expresión erótica es el carácter unívoco de toda experiencia del cuerpo, al menos así me ocurrió al escribir Sagradas herejías. De igual forma el homosexualismo como tema no creo que sea centro de ninguno de mis libros publicados ni lo será de mi próximo Un no rompido sueño. Juego con el tema en el juguete homo-histórico que pronto publicaré aquí en Altos de Chavón y que titularé El Libro de los héroes. Pero como sensibilidad y hasta estética el homoerotismo puede rastrearse, yo diría, en casi toda mi poesía.

DA: ¿Cuáles son tus proyectos futuros?

JB: Espero publicar pronto el poemario Un no rompido sueño, que ganó el segundo premio de Poesía Chicana/Latina en los Estados Unidos de la Universidad de California-Irvine en 1993. También he comenzado recientemente a escribir una serie de poemas sobre el paisaje novomexicano y otra serie sobre ciertas "moradas" del amor y del sexo. Seguiré, además, con mi labor ensayística, ahora con la poesía y el teatro cubanos posteriores a 1959.

 

 

 

NOTA: En julio de 1994 la editorial Punto Creativo de Santo Domingo publicó Un no rompido sueño y la Escuela de Diseño de Altos de Chavón publicó la plaquette El Libro de los héroes.