El puente
Ricardo Aguilar
Melantzón
New Mexico State
University
Muy seguido hay unas
colonas brutas, de ésas que tardas dos horas si te va bien, que llegan desde el
puente de la Juárez hasta la 16 y es decir mucho pues son como unas quince
cuadras, o que por el puente libre de Córdoba llegan hasta el antiguo cruce del
río, antes de la entrega del Chamizal, como a kilómetro y medio de distancia y
más durante navidades o vacaciones de pinchurrientos burócratas chilangos pues
con el cuento de que vienen a la falluca, o a depositar sus dólares en El Paso,
o a esquiar y vacacionar en sus cabañas de Ruidoso compradas con la lana que le
bajaron al pueblo apoyados por engendros como Echeverría y López Portillo,
colonas terror de gringos, soportables en invierno, infiernos en verano. Otras
veces pasas sin hacer ruido, los gabas te reciben de sonrisita, de jaguaryú y
de bi naice y todo muy lindo, otras hasta te echan los perros apestosos quesque
para ver si no llevas de la buena, pos ni que fuera uno tan bruto como para
llevarla por allí. El caso es que esos güeyes carecen de la más mínima
inventividad, en fin, burócratas gabachos.
Como a eso de las ocho
de Juárez, porque no todo el año estamos parejos, unas veces es una hora más
temprano del otro lado, ya almorzados y todo, pero con el nervio parado de que
vayas a llegar tarde al jale, salimos. Ya es costumbre, nos aventamos en
sentido contrario por la Justo Sierra hasta llegar a la Insurgentes que queda
más o menos en el centro, tomando en cuenta lo que ha crecido este rancho.
Antes por la Hipódromo pasaba el tranvía que iba al idem, no había casas, ni
pavimento, ni alumbrado, ni nada. Ahora pasan enfilados y a madres una bola de cafres
que se niegan a dar tregua, como si dejar pasar o disminuir la velocidad a un
escante menos que bólido manifestara una pérdida de virilidad. Todos a greña y
no es raro que por preservar el pellejo te tardes varios minutos para pasar y
enfilarte en tu carril desde cualquier bocacalle. Nomás para que no digas que
exagero, aquí enfrentito, en la mera esquina de donde hacemos alto, enfrentito
de la refaccionaria y la botica, una noche iban cruzando unos muchachos, la
novia prendida de la mano de su cholo, vieron un espacio y se dejaron ir
corriendo, espavoridos, se pasaron hasta la raya amarilla del centro, en eso
una rutera, venía bien tronadote el chofer, se los llevó de corbata, pero
gacho, nomás se oyó el chingadazo y los alaridos, corrimos a madres, fue
horripilante, no pudimos rendir auxilio, manos, brazos, piernas, tripas y
cerebros estaban embarrados entre pelo y sangre a lo largo de cinco metros de
pavimento. El rutero se peló, of course, impune el cabrón hasta la fecha. Otra
noche de agosto, por esos días se casaba Isa, un boquete que taparon los de
Obras Púbicas del mañocipio con tierrita y chapopote, tú sabes, como el PRI
hace las cosas, se abrió del tamaño de un pozo, estaba lloviendo mucho. Pues
llegaban a 120K por hora, porque cómo es posible que viajen tres cuadras
despacito, como para darle chance al semáforo de allá que cambie a verde, y a
esa velocidad caían al hoyo. No lo veían pues como hay poca luz y como el agua
lo cubría, se hizo una cola como de tres cuadras, todos con los rines doblados,
cuadrados, las llantas reventadas y asustadísimos. Los que pasaban, en vez de
pararse a dar auxilio o reportar el incidente, abrían las ventanas para
gritarles que como eran pendejos, que a ver si así aprendían a manejar, que se
lo merecían por jariosos. Los chavos del barrio, ni tardos ni perezosos,
hicieron su 'agosto' pues como nadie traía herramientas, con un -yo le ayudo- o
un - le cambio la llanta por un veintón o una peseta?- era suficiente. Por fin
llegaron los valientes mordelones a investigar el asunto y con característico
aplomo pararon el tránsito, discurrieron, según ellos, la perfecta solución.
Pusieron un tambo amarillo dentro del hoyo, flotaba como globo en el agujero
lleno de lluvia, quesque así los guiadores no se irían a equivocar y se
largaron a cenar. Pues no faltó, primero esquivaron el tambo sacándose por los
carriles de izquierda provocando que muchos de los que venían se hicieran tanto
a la derecha que de milagro no sucedieron cosas peores. Luego llegó el primo de
Eluterio Gurulé, creo que ya se le habían aflojado las retinas por la inmensa
cantidad de alcohol que había ingerido, se llevó el tambo. Lo aventó como una
cuadra, quedó como tortilla y él como si nada, ni oyó el chingadazo pues
llevaba el estéreo a madres e iba echando novio. Los del barrio continuaron la
hazaña cagados de la risa. Para no hacerla de tos, te diré que llovió tres
noches.
Sin exagerar, vamos a
añadirle al barrio la apertura de la prepa Pancho Villa, aquí a un lado, ah y
un centrito comercial, para presenciar un ejemplo práctico de la teoría de
Malthus. Los chavos y las chavas no hayan donde estacionar la cantidad
impresionante de garras que manejan, dejan el yonquero parado por todas las
aceras de todas las cuadras de por aquí, parece cementerio de animales prehistóricos,
pero deja eso, también se paran frente a las cocheras y eso sí hace que te
arrebate una frustración conmovedora, violenta, que te deja confundido, sin
saber si agarrarla contra los megaterios a marrasos, picarles las llantas a
todos o simplemente bañarlos de gasolina y prenderles un cerillo. La situación
se agrava porque lo hacen de mañana, cuando debes salir de volada al trabajo,
abres el portón y te topas con una camioneta de ésas que se elevan sobre
amortiguadores neumáticos, muy oronda con su radio de banda ciudadana y la
calcomanía de una cabeza de caballo sobre la ventana trasera. En el asiento
dejó el chofer un sombrero cowboy, la
mierda coño!
Pero aún es peor que
los mismos y otros chavos que habitan esta desmadrópolis no encuentren parques
o sitios dónde desfogar las energías, pues como la ciudad ha crecido al troche
moche, y como para las fuerzas vivas es mucho más importante lucrar vendiendo
cheves y materiales de construcción o besarles el apestoso culo a los
gerentillos de maquila gabacha, que preocuparse por los problemas de la
comunidad que con el tiempo y descuidados significarán su irremediable ruina,
ni siquiera se preocupan, conque ellos puedan irse a jugar golf al campestre,
al ráquet, a sudar al sauna o a la alberca y que a sus pinchurrientos chavos no
se les niegue la pasada al Chuco, al cine o a los parques de allá, pues que
chingue a su madre la raza, al cabo que siempre ha vivido así, si son unas
bestias, puros animales para qué
quieren parques? los van a destrozar de volada, tienen lo que se merecen, ésos
son los argumentos del PRI, los de la leal oposición, estúpidos, que justifican
la política del raterío pues a ningún burócrata le importa que los niños no
tengan ningún parque decente, siempre y cuando no hagan piri y sigan votando
por su candidote el 6 de julio. Qué es
lo que sucede? pues lo lógico, había de esperarse, en un espacio como del ancho
de un automovíl, pues las aceras están repletas de estacionados, se ponen
quesque a jugar al fut y al beis, corren de una esquina a otra y se avisan
cuando entra un cafre a la calle, generalmente es uno de ellos mismos, les deja
ir el carro encima con ganas de machucarlos a todos, al cabo que hay muchos, no
sabemos cómo no hay más atropellados y los vecinos de milagro se salvan de que
no les quiebren más ventanas, tragaluces, algún diente si llegaran a asomarse
en el momento de volar una pelota dura de beis, o los parabrisas de sus carros
si es que lograron estacionamiento antes de la estampida. Se vive en espera del
siguiente chingadazo y eso que todavía no hablamos de los ladrones, los
plagiadores, los pinches aleluyas y otras parvadas de mal agüero que también
están al constante asecho de que te descuides para chingar. Así todo, no habría
tanto fijón, pero la otra noche, ven a ver si no me crees, a media cuadra y
bajo el farol, en uno de los rincones que muy a propósito dejaron los
estupidísimos constructores del centrito comercial, yo creo que lo diseñaron en
chilangolandia pues únicamente esos pendejos se reventarían tal mamada, allí
estaban unos novios, palabra que no me asusto, pos si yo también anduve en esos
trances, pero éstos estaban fajando allí, a la vista de todos. A mi me dio
vergüenza pero tuvimos que pasar por un ladito, en mis tiempos buscábamos
cuando menos lo oscurito, qué no? yo a
roce y roce las suelas de los zapatos a ver si agarraban la onda pues hay
familia chica y todo, qué dijiste, ya se asustaron o se dieron trompa no? nada, pasamos y parecía que adrede
seguían su onda con mayor lujo de suspiros y jaloneos. Todas las tardes, camino
a la tienda, me encuentro tres o cuatro hules tirados allí mero en la banqueta,
como envolturas de chicle. O me estoy volviendo ruco o ya ni chingan. Ah, sí,
íbamos camino al jale. Es bien raro pero hay pedazos de esta calle que parecen
sacados de Cuauhtémoc o de Casas Grandes, una bodega llena de grietas con su
portón de dos hojas, una puerta individual en la izquierda y cerrazón de aldaba
de ésas que traían su ganchito, pedazos de pared que exhiben su entraña con
pelos y señales, una vecindad de casitas de colores y un terreno baldío, antes
casa de un avaro antiguo, hoy muladar del vecindario, parque para muchachos que
juegan a la guerra o a buscar tesoros, alcoba de infinidad de vagos y
limosneros que, además de dormir, allí descargan sus intimidades al aire libre
y a cualquier hora. Por fin, ya en el carril de enmedio seguimos derecho la
Insurgentes al oeste dos cuadras hasta el semáforo de la Constitución. Para el
lado opuesto queda la iglesia en que te casaste y jugaste a la lotería los días
de kermess, de vitrales que señalan momentos del nuevo testamento y vibran al
son de fugas y cantatas de Bach interpretadas por Benito en el órgano eléctrico
del balcón. De ahí al este siguen los barrios residenciales, una escuela de
monjas para niñas popis, comercios, lotes baldíos donde venden papalotes hechos
en casa, tres gasolineras y al juntarse con la Panamericana, como a cuatro o
cinco kilómetros, topa contra un paso a desnivel monstruoso, 'el puente al
revés' lo bautizó la raza, fechoría de arquitectos municipales graduados de
universidades cachucas y proyectados de la absoluta mediocridad hasta las
cumbres de la planeación política, no por lo que pudieran saber o contribuir en
forma de diseño o construcción sino en relación a su total e incondicional
obediencia a los designios del partido y su capacidad de adulación, sea como
sea o lo que sea, aunque ello signifique actuar en contra de sus mejores
juicios, si los hay, arquitectónicos, o destruir algún monumento, algún valor
histórico, sumergirse bajo los designios más ridículos y de mal gusto, como
ponerle arcos falsos a la plaza de armas para darle el carácter colonial que
esta ciudad nunca tuvo ni quiso tener, o tirar el hermoso quiosco central para
darle a la plaza una más que falsa cara de modernidad, allí está el puente
elevado, un armatoste de cemento que tiembla exageradamente a cada paso de
camiones cargados y hace tiritar los edificios que sin deberla ni temerla
quedaron a la orilla de la vertiginosamente construida obra de relumbrón.
Cuando todavía pasaba el tranvía, allá por los treintas, que llegaba hasta el
hipódromo, por ahí frente a la iglesia, la Colonia Exhipódromo hasta hace poco
y ahora ya nadie sabe como se llama, cuentan que eran puras milpas regadas por
el brazo de la Acequia Madre que pasaba por un lado, esa antigua estructura que
servía también de aeropuerto en donde aterrizaban en biplanos, entre otros
pilotos, mi suegro y sus amigos. Nunca ha sido una calle práctica. Hay
demasiados perros hasta para caminar si no llevas una chicharra cargada, por
ahí las tiendas de abarrotes, pero lejos, una que otra licorería, un
restaurante chino para pobres, varias comidas económicas, unos deportes y como
diez farmacias y peinadores. Eso sí, es un eje que atraviesa la ciudad. Para
nosotros es tambien el continuo caminar del ardiente romance gestado allí un
millón de veces, uno por cada lado del cerco negro de las casas blancas y teja
colorada, las conversaciones de vida o muerte, agravios, ilusiones. Cuando nos
llueve en septiembre se aneiga de punta a punta pues en el desierto es la época
de lluvia y el drenaje nunca sirve porque, como muchos gobernantes, de esos
sabios que el PRI encuentra en no sé qué manicomio y exalta a presidentes
municipales, han dicho que aquí no son necesarios ni drenaje pluvial ni
alcantarillas pues como nunca llueve. Cretinos, quiero que vengan a parase al
metro de lluvia que se queda estancado a cada rato por detrás de la casa y que
me ayuden a empujar el carro cuando se le mojan los platinos por arriba. Ahí en
la esquina, hasta hace poco, pasaban los desfiles, la calle más ancha del
lugar, la única que aguanta carros alegóricos, los 16 de septiembre, los cinco
de mayo, bonitos, luminosos, marciales, aceras atestadas de muchachitos en
traje de charro y chinas poblanas, adolescentes que marchan de uniforme al
compás del redoble y giros de corneta, soldados, chavas, todo en brillante
lentejuela bajo el sol inclemente de las doce. No habrá muchos ároboles, uno
que otro olmo chino cargado de chinches pedorras, es que era muy importante
para la vialidad un espacio adecuado, ya que los carros crecían constantemente
de tamaño, pues sí, fuera álamos antiguos, no sólo de un lado, no, de los dos
pa emparejar, por toda la ciudad y hasta las carreteras cubiertas de un hermoso
tejaván de ramas entrecruzadas, una sombrita chula como las que aquí tanto
hacen falta, pues sí, examina ahora las avenidas pelonas, las carreteras, el
progreso hacia el derrumbe gracias al magnífico gobierno, no me extrana que
estemos tan jodidos pues simpre hemos estado y estaremos en manos de puros
pendejos, de idiotas exaltados a la vanagloria instituida. Tantas veces hemos
paseado por allí, aunque en verano es imposible a eso de las tres de la tarde,
pero desde las seis y media en adelante todo se transforma, las casas, las
aceras, el mismo cielo, adquieren un tono color de rosa, violeta que incita a
caminar por cualquier lado, a salir a ver pasar la gente. A una cuadra está el
callejoncito del mercado. Es muy bonito, allí viven los viejos en su casita
poblada de nogales, madreselvas en flor, granados, lirios y hasta una parra.
Esa cuadra fue de la familia ya hace años. Los abuelos, las madrinas, ocupaban
las tres casas del lado de la Constitución. Ellos mismos las construyeron,
desde fabricar el adobe hasta instalar las cabrillas y las calderas en el
subterráneo. Tomás, el bisabuelo, cayó fulminado desde el techo un día de
insolación cuando andaba terminando de poner la hoja de zinc a la usanza
serrana, verde sobre la casa amarilla. La casa blanca de Estela y Josefa, un
chorizo largo largo que al final tenía una jaula enorme y siempre olía a
refritos y queso de hebra. La otra en que vivieron algún tiempo, allí donde por
primera vez escuchaste los versos napolitanos de Doménico Mondugno, de Marino
Marini. El sótano en que te castigaron por jambarte relojes y en la que a todos
traumó el ladrón que se metió aquella noche de aguacero, por detrás, a gatas y
Marta a la espectativa, observado todo, con miedo de hacer algo pues podría
venir armado y como estaba cuidándole el sueño hepatítico al Junio mejor se
calló, el caco pasó hasta la recámara de mi jefe, se cambió de calcetines y se
llevó el relojito Haste de pulsera, la misma donde vivió tu tía María y te
enseñó a cantar y a decir los colores y a pronunciar 'ri-no-ce-ron-te'. En la
Constitución damos vuelta a la derecha, pasamos frente al cine Coliseo y la
gasolinera del Candidato, al que siempre le compraron la gasolina desde que
abrió su negocio. Queda sobre la esquina, entre el restaurancillo de pollos
rostizados y la Escuela 21, está pintada de blanco y celeste muy a propósito
pues, ya sabrás, las demás son tricolores, el dueño es y siempre está panista
de hueso almidonado, de esos vatos rupa que monta una vocinita arriba del techo
de su garra y se larga gritando propaganda reaccionaria por toda la ciudad sin
darse cuenta que cuando maneja y habla se entusiasma tanto que le sube a la
velocidad y nadie escucha más que una o dos sílabas de lo que va diciendo,
sería grosero decir que es panista de hueso colorado pues de ese color carece
en extremo, ya mayorcito por no decir jodido, lampiño y blanco, de esos vatos
que nunca jugaron básquet pero si acudieron consuetudinariamente a misa
vestidos de traje los domingos, que pertenecían a la ACJM y cuando la juventud
se fue se enrolaron en la UCM, los movimientos cursillistas, el familiar
cristiano, los encuentros matrimoniales y todas las demás sandeces que se le
pueden ocurrir al Opus Dei para mitigar las inquietudes de la mochería
cristera. Enojón, camina con los pies en ángulo de 75 grados, peinado a la
antigüita, con mucha vaselina, pelo corto partido de lado y ondulado. Sus
empleados le dicen 'el candidato' porque un día se lanzó con toda la panza a la
regiduría de obras públicas por el PAN, desde entonces no se quita el mote ni
con pomada de la campana y si llega a saber que alguien le llama por ese
apelativo se enfurece. A mi no me quiere, dice que soy contrario y en su
ignorancia acierta, aun cuando nunca ha sostenido una conversación sobre
política conmigo, acierta pero confunde pues él está enojado porque supo que un
día, cuando uno de ellos le dijo 'candidato', respondí que sería mejor decirle
'candidote', sería más fiel la descripción. Sus empleados son los cuates. El
Urbano, un vato inocente, pero destrampado el cabrón. A como dé lugar, a
cualquier hora, sea como sea, el vato sale a saludar, a platicar, a preguntarte
por los jefitos y carnales, todos lo quieren, lo has visto helándose los huevos
en invierno, pues aquí el frío te mienta la madre y te alburea si no te cuidas,
con decirte que un año, en casa de los jefes, cuando estaba aún rete chavalo
(éjele) sudaron por dentro las paredes de la casa y en mi recámara, la pared
que da hacia fuera, el frío congeló la sudadera en estalactitas, estalacmitas
mano, y no hubo forma de pararlo, pos así el Urbano con una chaquetita furris
limpiaba los vidrios con una sonrisa, echaba gasolina, silbaba y cantaba el güey
mientras que tú temblabas y respondías en monosílabos con el calentador a todo
vuelo. En verano, el vato se arremangaba los pantalones hasta la rodilla,
camiseta, más tatemado que un pinacate africano pues el vato lavaba carros en
el sol y luego les daba chain mientras que sus dueños entraban a ver alguna
película de charros o gangsters, que es lo mismo, al Coliseo, siempre con su
tandito negro, ala corta y copa alta. Se me afigura a veces el retrato conque
comienzan algunas ediciones del Martín Fierro. El rechoncho del Coco llevará
cuando menos quince años de esclavo del candidote, cincho que cada vez que
llego quiere jugar al 'pares o nones', o sea que en un descuido uno le tira al
otro un mechón de vellos de donde se pueda, y como soy tan peludo, me chinga a
cada rato y sin esfuerzo, luego los cuenta y el muy cabrón quiere que le pague
la apuesta, una vez once del brazo, otras siete del pecho y chíngale que le
tiras el agarrón y ni madre, se ríe, pues como es tan lampiño el desgraciado.
De cinco en cinco minutos, a veces tres veces al día, otras más separado, nos
hemos hecho cuates durante más de quince años. Le seguimos derecho y a la
izquierda en la Vicente Guerrero, simón, el Monumento a Juárez ha sido también
toda la vida, es toda la cuadra desde la 20 de noviembre donde está la Escuela
29, el Cine Alameda, antes Cumbre, a donde íbamos a ver todas las películas del
Santo y de Viruta y Capulina y siempre salimos rascándonos las ronchas del
chinchero, el Casino Parralense donde luego, a eso de las 12 de la noche o a
las tres de la mañana, se alcanzan a oír los compases de algún conjunto
norteño, del mariachi, o se encuentra uno a la raza ahogada que sale pidiendo a
gritos un menudo, en la esquina un edificio gris, adusto, arquitectura
'modernista' de los treintas mexicanos que fue la central del Chihuahua al
Pacifico a donde Hilario iba seguido a platicar, luego fue el Registro Civil,
ahora está ocupado por familias de ferrocarrileros, una especie de hotel para
desamparados. Por el lado de la Constitución hay un lote de carros usados, ya
casi ni venden desde que la devaluación se ha hecho una costumbre permanente,
los precios ya se miden en millones y los permisos de importacion se están
repartiendo con gotero, en seguida la casona polancesca que fue residencia de
doña Rosa con su magestuoso techo a cuatro alas cubierto de teja azul, un friso
de cantera sobre la puerta principal que dice RQ y se ve guardado de dos leones
al asecho y un frío terrible, invierno adentro pues la hicieron cuando aún no
se ponían calefacciones ni ductos ni nada y un calorón en el verano por lo
mismo, una reja a lanzas labradas como sólo entonces, ya no hay quien se
aviente a fabricarlas pues es difícil conseguir algún cultivador del arte de
tornear con detalles, hoy se hacen las cosas a lo fácil, o rejas derechas o
llenas de puros riñoncitos torneados a máquina, en seguida el cine Premier que
toda la vida fue estación de radio, ahora cubierto de una moderna marquesina y
grandes ventanales, antes que los quebraran a pedradas las juventudes panistas
cuando a la desmadrosa Irma Serrano se le ocurrió presentar allí su famoso Naná,
fue teatro, una puerta a dos hojas daba al foyer sucio y desvencijado, detrás
un par de cortinas que ocultaban el sol a los de adentro y ayudaban a perpetuar
un CF (cabronamente fuerte) olor a patas, colas y orines que se había
empedernido en esa sala por los años y porque jamás nunca limpiaron los baños,
o si los limpiaban, la raza se obstinaba en cagar fuera de la basinica, allí
conocí al Zayas y al Caballo quienes la hacían de chistosos en las obras de
Luis G. Basurto en que venían a lucirse galanes y vedettes como la Sasha
Montenegro, la Silvia Pinal, el difunto Mauricio Garcés y el Julio Alemán, en
la esquina está un edificio que la ha hecho de todo, desde los estudios de la
XEJ hasta una mueblería, central de las campañas maratónicas pro-Banco de leche
que se aventaba el otro difunto Carlos Amaya y que daban de comer a infinidad
de niños huérfanos o pobres y que causaban verdaderas tomas de conciencia entre
todos los ciudadanos pero que dejaron de existir cuando Amaya murió, hasta fue
una botica Benavides, pero nunca se paraban ni las moscas, es raro, pero hay
edificios y locales así, que por más céntricos que estén, por inmejorablemente
ubicados, nunca les va bien, por el contrario, en contraesquina noreste,
Vicente Guerrero y Constitución, hay un edificio que atrae a todos y de todo,
ahora es un banco, durante la mañana habemos una bola de güeyes que estamos a
vuelta y vuelta a la cuadra esperando que alguien deje su estacionamiento para
llegarle o que dejamos a alguien que se baje a completar algún trámite y
pacientemente lo esperamos a que salga, siempre está atascado de gentes, se
aprecian las colas largas frente a cada ventanilla desde afuera, arriba hay un
hotelucho o lupanar, ve tú a saber, que también goza de mucha aceptación entre
las gentes pues si caminas por el monumento o te sientas en una de sus bancas
que dan para ese lado, te darás por advertido que siempre hay alguno o alguna,
que se está vistiendo o encuerando frente a las ventanas que dan a la calle,
por la Vicente Guerrero hacia el oeste, está un lote baldío que bardearon hace
poco, un edificio a semiconstruir, muy raro, las vigas de fierro sugieren que
iría a ser alguna sucursal del Pizza Hut por la estructura del techo, de dos
aguas pero en ángulos abtusos hacia afuera, creo que los planes de echar a
andar el negocio quedarían almacenados en algún bufete como los de tantos otros
edificios al grito de devaluación, ah, eso también, ya que estamos en lo de
lotes baldíos y cosas por el estilo, ahora que andamos haciendo ejercicio para
bajar la panza, Marta y yo caminamos de vez en cuando por aquí y por allá, para
varias direcciones según se nos antoje, el otro día ella me hizo un comentario,
íbamos por la José Borunda para el parque, a sude y sude -Así me imagino que
habrá de ser Rusia, toda pobre y fregada,
te has dado cuenta de cuánta casa abandonada hemos pasado?-, no, no me
había percatado pero desde allí empecé a recordar por dónde habíamos pasado,
por dónde caminábamos y si es cierto, muchas, muchas casas solas, hasta con las
ventanas cerradas a tablones, tal vez para protegerlas de la infinidad de
vándalos y gente sin oficio, no se diga locos y descastados que andan por todas
partes buscando dónde quedarse a dormir, más en invierno, luego está una casa
larga, larga que era de los Villaverde, de aquéllas antiguas, solariegas,
saguanes, no ventanas y las rejas largas, largas, no me acuerdo qué calle y es
que cambian tanto los nombres, que porque están al sur de la 16, que al norte
de la 16, hay otras que de repente se cortan en una cuadra para seguir después
de una o dos cuadras fincadas, al cruzar esa callecita hay un edificio de dos
pisos, feo como el demonio, en que opera una escuela de inglés, antes era la
casa de los Royo, un amplio patio al frente y muchos árboles y plantas, un
perro Collie y los gemelos conque fuimos a la escuela, me acuerdo que el día
que mataron a Kennedy cerraron las fronteras y los cuates, yo, mi carnal y
varias gentes estábamos todavía en clases allá en el Chuco, sin forma de
regresar, nos quedamos a dormir en un salón y los holgorientos cuates no nos
dejaron dormir como hasta las dos de la mañana, jugadores de básquet desde la
primaria, de fútbol, ahora cruzamos la Madero, siempre al oeste, estamos tras
las bardas del patio de una secundaria que van a dar la vuelta por la Ramón
Corona para el norte, en contraesquina noroeste Vicente Guerrero y Ramón Corona
está la ferretería de los Güeros, más careros que el carajo, favorita de muchos
pendejos, por el lado de la Ramón, hay una bola de bodegas, de mueblerías, una
muy chistosa, un edificio de dos pisos que es casa arriba, hay un especie de
portal en medio, con su barandalito de ladrillo, se ve hasta el otro lado desde
acá pues el portal se abre para los dos lados, a veces hay gente sentada allá
arriba y siempre se me ha antojado estar con ellos platicando, viendo para el
centro y para el monumento, lo que siempre me ha extrañado de esa casa es que
no hay ninguna puerta en el piso de abajo para subir, han de entrar por la
bodega, sigue una hielería de las más antiguas del lugar y luego un expendio de
pintura en la esquina frente al que siempre se paran los carritos de los
vendedores ambulantes a pregonar sus jícamas con chile, limón y sal, pepinos,
membrillos, naranjas partidas, dulces y otras frutas, aguas frescas de limón,
sandía, melón, tamarindo y horchata, mi preferida, carnitas, tacos de buche y
de los que sean, el cuento es vender y como por ahí pasan las muchachas que
trabajan en las maquiladoras, ya es difícil atraer la atención de los
vendedores desde el carro pues están muy atareados.
En el centro del
parque hay una gran columna redonda que habrá de medir unos treinta metros de
alto, de mármol blanco, la circunda un letrero dorado que dice -Al Benemérito
de las Américas-. Sobre la columna se encuentra una estatua de bronce cubierta
de una capa de óxido verde y negra, es Benito Juárez en traje de cola, corbata
de moño y polainas, el índice de la mano derecha apunta al oeste, el brazo
horizontal, extendido. Todo mundo ha sacado mamadas, de ésas conque por
definición no se andan los tiburones pues nacieron con demasiados dientes, por
la postura del zapoteca, desde dichos como -A mí me hacen lo que el aire a
Juárez- o pendejadas como la que dice que Juárez adopta esa postura para decir
-Al que no le guste Juárez, ahí está el ferocarril- ya que las vías del tren
pasan directamente al oeste para donde apunta, aquí sopla el viento que da
miedo, por marzo, abril, tanto que muchas veces la gente se ha tenido que
quedar esperando el avión que llega de Chihuahua o de más al sur, o esperando a
que salga, durante días enteros con sus noches por el peligro que causaría
aterrizar o despegar con esos ventarrones, no exagero, es cosa de no ver ni a
la esquina y con la arena que vuela a alta velocidad, entra en los ojos y la
boca, no distingues ni a dos metros, peor cuando vas en moto, o te paras o te
estampas y te das en la madre, en septiembre y octubre sucede lo mismo, uno se
la pasa masticando arena, como cuando te sirven un huevo frito y al cocinero se
le pelaron algunas cáscaras, los libros se convierten en pequeños desiertos,
dunas y todo, ni hablar de los portales, terrazas, banquetas, parques y todo lo
que esté protegido, desprotegido, hasta cuando te vas a acostar sientes que tu
cuerpo raspa contra las sábanas. La columna está construida sobre una base de
mármol, según esto de Carrara, del que sobró cuando terminaron de construir el
Palacio de Bellas Artes, cuenta la Señora Rojas que ella era niña cuando las
fiestas del centenario de la independencia, asistía a la escuela del monumento
y que a ella le tocó ver a Díaz poner la primera piedra, fue verdaderamente
hermosa la base, en varios niveles, sobre la parte superior se encuentran
empotradas varias estatuas que representan personajes gloriosos: la patria, la
justicia, los héroes congelados en posturas bélicas, algunos portaron sables,
otras balanzas, estandartes que con el tiempo han desaparecido a causa del vandalismo
o porque algún ilustre político pensó aumentar su colección de piezas del
partimonio nacional en su sala, se han quebrado manos, brazos, dedos y narices,
el friso que las sostiene luce varios cuadros de bronce que, para nuestra
desgracia, varios gobiernos municipales se han obstinado en limpiar o peor, en
sobrepintarlos con pintura metálica chafa, los han echado a perder para
siempre, el Comité de Defensa Popular no se ha querido quedarse atrás y ha
contribuido al enajenamiento total del monumento y de la mayor parte de las
paredes de la ciudad haciendo pintas, sobre el mármol, hasta donde alcanzara el
brazo, pero con pintura acrílica más difícil de quitar, dicen cosas como
-Vacúnese contra la PANorrea o Fuera Barrio engendro de Hitler- o -Fuera gringos
del México ocupado- o -El pueblo unido jamás será vencido- es un soberano
desmadre porque a veces hay chota, quesque cuidando que los niños no se suban
allí a correr, en Italia a los pintores le habian metido una chinga y los
habrían metido en la mazamorra hasta que se pudrieran, aquí pan y circo, ahí se
va, no le mueva, déjenlos que se expresen que al cabo no hay bronca, pintamos
de blanco los letreros y listo, pero a los niños no los dejen subirse a correr,
alrededor hay un círculo de cemento como de veinte metros de diámetro a donde
acude la gente desde siempre, desde antes de que fuera monumento ni nada, los
domingo y las tardes, a pasearse, a que jueguen los chavalos, a echar novio, a
bajar la cena o simplemente cruzar en diagonal porque van o vienen del centro,
por las orillas hay bancas de acero vaciado pintadas de verde, tres tablones
para sentarse, se supone, porque es la única sombreada, tienes que hacerlo con
media nalga al aire, el coccis de pivote y los brazos sujetando el repaldo,
ahora esas bancas son también refugio de todos los exiliados de la plaza de los
güevones, la Plaza de Armas antiguamente, con su quiosco, lápidas
conmemorativas, bancas y palomas, recientemente convertida en un espacio vacío,
según esto muy moderno de acuerdo a los arquitectillos chafas al servicio de la
municipalidad de ésta, la más lejana de las provincias, la más arremetida por
la penetracion cultural, por el inglés, por los valores gringos. Por todos
lados del monumento hay grandes árboles de sombra, olmos chinos la mayoría, que
cubren las banquetas a rayos desprendidos del giro central para todos los
puntos de la rosa, fuentes de cemento en cada esquina, antes, por la 20 de
noviembre, había mercado sobre ruedas y para el día de los muertos toda la
calle se ve invadida de cempualxúchitl amarillas y violetas, por la Ramón
Corona se paran las ruteras que llevan a la gente a las maquiladoras y a varias
horas del día es un desmadre transitar por ahí pues el gentío es peor que
ningún otro en la ciudad, las mañanas en otoño son hermosas porque es la hora
en que cruzan niños, niñas, jóvenes y señoritas de uniforme, recién peinados,
el pelo todavía mojado, sus suéteres amarillos y rojos, las mochilas al hombro,
contentos de la vida, llenos de alegría y de sonrisas.
Todos los días, toda
la vida, le di la vuelta al monumento hasta que a los panistas se les ocurrió
cambiar los sentidos de las calles, ahora paso de lado, sin recrearme de
recuerdos, me han mochado una parte importante de mis días, en el verano hago
cola para comprar hielo, lo cruzo caminando cuando regreso de comprar libros o
revistas por los estanquillos del centro, del correo o de dejar que el Chago me
corte la greña como lo ha hecho con la paciencia de Job desde que Marta nos
llevaba a la Continental y le decia -Cortito, muy cortito, si quiere déjeles
algo de copete- y nos verdeaba el cráneo, me sigue contando chistes, anecdotas,
- Pos cuántos años hace que nos conocemos?- y me reponde -Desde antes de que te
casaras maestro- sin perder el ritmo del chis chas de las tijeras, ya no le
digo nada, sabe que me estoy quedando muy pelón y me rebaja los lados para no
dar la impresión de payaso de circo, de bolearme los zapatos con el güero o con
la raza de Los Olvidados, Spit Chain, a dale y dale con la grasa, el cepillo y
las chillonas garras, una agüita mágica que poco a poco te los deja como
espejos. Sigo al norte por la Ramón
Corona, paso por El Fronterizo, esquina con Galeana, el periódico local
que mucho tiempo fue de la García Valseca, ahora de Echeverría como todos los
demás, nido de víboras y truhanes dedicados a escribir con el ombligo, sin
diccionarios, lo que les dicta el partido y aun así meritorio en que es el
único que ha sostenido su tiraje largo tiempo y por la misma razón, porque en
este pueblo no hay quién se preocupe por escribir historia seriamente, es el
único documento que conserva la crónica de lo que ha acontecido desde antes de
los treinta, nadie lo guarda ni le hace caso, como si conservar lo que se dijo
no fuera importante, allí en un cuartito del segundo o tercer piso, empastados
a la brava, carcomidos de ratones y alimañas, está la única colección completa
de sus pliegos, si prende fuego, se quema el pinche Fronterizo y
desaparece también toda la historia. Adelante hay de todo, tiendas de cobijas,
la hequilleria del maestro Lorenzo que seguido se retacha a tu cantón porque
dejaste adentro las llaves otra vez o se chingó la llave de algún candado,
chaparrito, como que siempre levantó pesas, te echa un chiflido cuando pasas,
-Ese mi chavalón, qué ondas?- entre los
martillazos, el ruido de los esmeriles y una colección de llaves de todos
colores, siete pesos la copia y el sello 'Y' de Yale, luego las que fueron
oficinas del PAN, un saloncito de mala muerte con podio y pizarrón al fondo,
frente a unas veinte sillas dobladizas ante la puerta y siempre una bola de
güeyes en la banqueta que te obstruyen el paso y te fastidian con sus política
de derecha trasnochada, anacrónica, tiene razón el candidato, soy contrario,
pero no se imagina ni a qué extemo, varias casas y a la siguiente cuadra el
estacionamiento del Edificio Continental donde trabajaron el ciego Tacho y el
Teriso que antes fue el Viejo Tívoli según cuenta mi suegro, en donde había
jugada como en Las Vegas y venían a presentarse las actrices del cine
americano, a donde vino Jack Jones a pelear contra the Great White Hope porque
al negro lo habían exiliado de gabacholandia por haber tenido la osadía de
casarse con una gringa, en la esquina con la 16 se para un cigarrero frente a
la puerta del Mike's, un restaurantillo famosón de segunda o tercera,
pertenencia de un griego líder de un grupo de locos enfurecidos, según ellos
curanderos, autodenominados 'los filósofos de la luz' y al restaurate la
termoeléctrica porque en sus reuniones cierran, abren los puños y se echan luz
entre sí, tú crees?, pero también es el
lugar de reunión de los ruquitos que por allí jalan o viven o hacen viaje
especial para estar a las seis, contar charras, recordar incidentes, apostar
para ver quién paga los cafés o en general para hacerle a la UVA (unión de
viejos argúenderos), hay varias sucursales de la UVA, otra está en el Centro
Méndigo de Barbaridades, se van al chismorreo hasta para comer.
Antes del PAN y
Barrio, la 16 era de dos carriles y sirvió de encuentro para los chavos los
domingos por la tarde, allí se echaba novio, se ponían citas, se daba la vuelta
y era posible porque los que venían se daban cuenta de los que iban, muchas
familias de Juárez no se hubieran establecido como tales si no es por el doble
sentido, ahora todos van hacia el oeste, no se dan cuenta de quién viene, tal
vez caiga la taza de crecimiento poblacional de aquí en adelante, yo siempre
doy vuelta a la izquierda, desde allí ves las torres de la catedral y la
chuecura de la calle cuando entra al pueblo viejo, allí es el mero centro,
están todas las tiendas, estanquillos, cines, librerías, oficinas de
tinterillos, de agentes aduanales, a dos cuadras pasa el ferrocarril de norte a
sur por la avenida que mucho tiempo llevó el idem nombre y que seguido corta el
tránsito de toda la ciudad pues la parte en dos y no hay otra forma de cruzar
que largarte como unas 10 cuadras hacia el sur para pasar por el paso a
desnivel, si te toca día lluvioso te chingaste porque se llena hasta los topes,
hasta lo han agarrado de chiste o de punto de referencia para hacer comerciales
-Venga a vernos para su regalo de bodas, estamos en X esquina con X, allí por
donde se hace el charquito- allí estás, ya se te pasaron quince minutos, vas
tarde como los demás, unos ya le están pitando al garrotero para que le
comunique al maquinista que, o se mueve o considere su posible linchamiento
-AAAAAAAAAAAAAANDALE CABRóN, que no tengo tu pinche tiempo, pinches burócratas
de mierda, desde que el gobierno tiene empresas todo se va pa la chingada,
nosotros tenemos la culpa por pendejos, por aguantadores- lo peligroso es que
mucha raza impaciente de a pie, señoras gordas, chavos, cojos, ruquitos,
chavalonas de faldas apretadas, cholos, licenciados de traje, curas y monjitas
tratan de pasarse por arriba y por abajo de los andamios, por abajo de los
carros, nunca falta alguien que se quede sin piernas, sin brazo, sin mano, como
los chavalos que se dedican a poner monedas bajo las ruedas, provocando espanto
general en todos los que presencian la tragedia o se encuentran con el retrato
y la descripción con pelos y señales en la página roja del periódico, en los
que tienen niños que se van a pie a la escuela, por otro lado se forma el
despelote con todos los carros que se arremolinan en todas las esquinas,
queriendo devolverse, sacarle al parche por algún lado y se dejan ir sin darse
cuenta que todos los choferes de todos los carros están pensando lo mismo hasta
que se forman masacotes imposibles, desesperados, pitadores, por llegar a la
chamba o con la novia.
En la esquina sureste
de la Avenida Juárez está la vieja aduana, donde se entrevistaron Díaz y Taft,
abandonada por mucho tiempo y hoy un extraño centro cultural, allí das vuelta a
la derecha y le metes a madre si no hay cola, si la hay desde ahí la divisas,
te vas parando, acelerando, a vuelta de rueda, se te empiezan a ocurrir mil
insultos para los que del otro lado se dedican a hacerte la vida pesada, al
rato te resignas, empiezas a delirar, a soñar, otros leen el periódico, se
ponen a platicar con el compañero o la compañera, subliminalmente pegadito al
de enfrente y así prevenir que se te metan los que quieren entrar por las
bocacalles -AAAAAAAAAAAndale señor, no sea sangrón, déjenos entraaaaaaaaaaaaar, qué le cueeeeeeessta?" o el tejano o
manito de Nuevo México que no está poniendo atención, se le meten tres o cuatro
por delante y todos los de atrás trasfieren el odio de los gabas a este pobre
pendejo, le mientan la madre, lo sofocan de maldiciones, vas observando la
infinidad de tiendillas de Mexican Curios atiborradas de turistas de pantalón
corto, lentes oscuros y sombreros de paja, a veces hasta de charro, sobre
camisetas estampadas de letreros mamones, las casas de cambio que se multiplican
por mitosis, a 2680, a 2685 a 2690, hasta 2700 por dólar, los congales que tú y
los compas frecuentaban cuando chavos, los restaurantes carísimos, los bares y
por en medio los cigarreros, los que te piden monedas, los que te venden
chicles, los que venden elotes con chile y mantequilla, por fin llegas a la
caseta de Puentes y Caminos, pagas 2000 pesotes, antes eran 15 centavos, te
preguntas que a dónde irá a parar toda esa lana pues a nadie le dan recibo,
subes a 45°, acelere, freno,
acelere, freno, acelere, freno, te das cuenta de que avanzas 30 centímetros,
medio metro, que la aguja del agua apunta a tres cuartos y no puedes parar el
motor hasta que llegues arriba, a ver si no te pasa lo que a muchos, a los que
se les quema el motor a media subida, recuerdas en invierno, cuando nieva y aún
así te aventuras a pasar lléndote pegadito a la derecha para que las llantas
agarren contra el cordón de la banqueta, otros mas güeyecillos se van
chicoteando por en medio, suben hasta la mitad y empiezan a desbarrar, se van
resbalando de lado para abajo y hacen carambola con los otros que quieren subir
o que aún esperan que llegue arriba para ellos lanzarse, por fin subes y sigues
despacito, por donde mismo, allá abajo están otros hechos bola pero peor, pues
agarraron mucha velocidad a la bajada, acelere, freno, acelere, freno, acelere,
estás sobre la cuesta, apagas el motor, desde aquí observas el panorama, todas
las líneas llenas de carros, la de la derecha haciéndose chiquita, apretandose
contra la de un lado para dejar regresarse a dos que los mandaron por no traer
pasaporte o algo así, recuerdas aquel día en que los inspectores gabas
empezaron a devolver a todas las señoras que normalmente cruzan por la mañana a
trabajar de sirvientas, de dependientes, de ayudantes de cocina, en las
fábricas de allá del otro lado, te acuerdas de las caras enojadas, rojas, de
regreso, que se metieron entre los carros y empezaron a sentarse en el
pavimento sobre la cuesta, pero muchas, muchas, tantas que cerraron completamente
el paso, por todos los puentes, que el Movimiento Chicano se dió cuenta y llegó
con intenciones de quedarse a hacer valla del lado gabacho, que entró la
policía de los dos lados pero que los taxistas solidarios les previnieron la
entrada a los puentes amasando sus carros contra las entradas, salieron ellos
armados de garrotes, llaves L y X, entró el ejército y hasta el Secretario de
la Defensa Nacional se hizo presente, arrestaron a varios Chicanos al otro lado
por haber quemado la bandera allí mismo en caliente y todo se resolvió cuando
desistieron los gabas de su locura, recuerdas la marcha aquélla un día muy frío
en que caminaste con tus cuates desde la Plaza de los Lagartos hasta el puente
donde, desde los techos les tomaron muchas fotografías los empleados de
imigracion y no sabes quiénes más ni con qué propósitos y luego la vuelta,
todos llevaban pancartas condenando la construcción de la 'Cortina de Tortilla'
como se denominó al cerco de alambre que hicieron para retener a los mojados,
que nunca dio resultado porque a la semana de puesto alguien cortó un agujero
muy cuadradito a mero en medio, del tamaño de un portón, para mayor comodidad
de los usuarios, por fin te acercas a la garita, al de enfrente le están
registrando el cofre, la cajuela, por debajo de los asientos, lo pasan al
frente, a revisarlo más bajo los tapancos del edificio, a otro carro le están
metiendo un espejo por debajo, a ver si no trae drogas, llegas a la ventanilla,
el gaba te pregunta con cara de perdonavidas - Citizenship?- y le contestas -US- con la entonación mexicana que
sugiere -You ass- - What are you bringing from Mexico?- -Nothing- -Go ahead- y
te vas, recordando enojado aquella vez que a la Rosi un gringo le preguntó -
What do you have there?- señalándole el vientre y ella, muy enojada, se levantó
la blusa para que el gringo viera bien y le repondió - A baby!- pues estaba
encinta de la Rosi, pasas, sigues pasando, contraviniendo todas las broncas,
aguantando la vara, pues conoces profundamente que la realdiad de esta frontera
no es la separación artificial sino la unión a pesar de los gobiernos.